(EFE).- El Comité de Ministros del Consejo de Europa instó este miércoles a sus 47 Estados miembros a integrar la historia del pueblo gitano en los programas escolares, como «herramienta contra el odio y los prejuicios». La organización paneuropea cree que la inclusión en los materiales pedagógicos combatiría el negacionismo, la radicalización y el revisionismo y «ayudaría a comprender que los gitanos forman parte de la sociedad nacional y europea». Para combatir el racismo contra los gitanos, se propone una enseñanza equilibrada y contextualizada de su historia, «que refleje a la vez su presencia nacional, el contexto histórico y la historia común de este pueblo presente en Europa desde hace siglos».

Los programas escolares deberían incluir «la enseñanza del Holocausto cometido por el régimen nazi y sus aliados, así como otros actos perpetrados contra el pueblo gitano y los nómadas a través de Europa». La recomendación anima a los gobiernos a celebrar actividades que conmemoren el Holocausto contra los gitanos, cuyo día internacional esta instituido el 2 de agosto. Insta a incluir «relatos positivos» de la historia gitana, como su aportación al patrimonio cultural local, nacional y europeo, y «el papel activo de los gitanos, sintis y yeniches en los movimientos de resistencia antinazis y antifascistas».

Además de frenar las falsas informaciones que se divulgan en las redes sociales, el Consejo de Europa pide que se enseñe la contribución de la comunidad gitana al comercio, la metalurgia, la artesanía y la ganadería. Tampoco se olvida de la cultura gitana, a través de las historias, la literatura, la religión, la música y las tradiciones, y de sensibilizar sobre «el progreso social asimétrico y la desigualdad de acceso a los derechos sociales» a los que se enfrentan históricamente. La recomendación recuerda que no serían necesarias horas suplementarias de clase, sino que sería suficiente con integrarlo en asignaturas como historia, educación cívica o social, literatura, religión o ética, arte, música o lengua. El Consejo de Europa calcula que en sus Estados miembros viven unos doce millones de gitanos.