El 28 de agosto se estrena en cines la película Papusza, de Joanna Kos y Krzysztof Krauze. Esta película narra la vida de la poeta gitana polaca Bronislawa Wajs, llamada Papusza, primera poeta gitana en publicar su obra en Polonia, desafiando la imagen femenina tradicional de su comunidad.

Nacida en una familia nómada, expresaría los sufrimientos y anhelos del pueblo romaní en versos de un poderoso lirismo, muchos son sus relatos tratando la manera en que los gitanos sufrieron la Segunda Guerra Mundial y la pobreza que sobrevino a esta población.

Los cineastas Joanna Kos y Krzysztof Krauze recrean las vivencias de la protagonista desde su nacimiento hasta su muerte: casada contra su voluntad siendo apenas una niña, escapando del terror nazi y luego del adoctrinamiento del estado comunista polaco, en la vida de Papusza se resume la historia itinerante del pueblo gitano y sus costumbres inmersa en el gran escenario de la conflictiva historia centroeuropea del siglo XX.

Su relación con el poeta Jerzy Ficowski, quien descubrió el talento de Papusza para la literatura y se encargó de editar sus textos, selló paradójicamente su tragedia: aunque famosa por su producción poética, sería repudiada por su propia comunidad, acusada de haber revelado secretos de su pueblo; Papusza vivió inmersa en la pobreza y la abnegación, torturada por la culpabilidad hasta su muerte en 1987.

¿Quién fue Papusza?

Aunque su verdadero nombre era Bronislawa Wajs, se la conoce por su nombre romaní, Papusza (cuyo significado
es “muñeca”). Ha sido una de las cantantes y poetas romaníes más grandes que ha habido en la historia de la música. En el registro oficial polaco se recoge la fecha de nacimiento de Bronislawa Wajs el 30 mayo 1910 en Lublin (Polonia), aunque muy posiblemente naciera el 17 de enero de 1908 o 1909.

Papusza nació en el seno de una familia perteneciente a un tabor conocido por los “Romaníes polacos de las Tierras Bajas”. Durante siglos las generaciones de esta saga familiar viajaron a través de los caminos de Polonia llevando una vida nómada.

La familia de Papusza eran arpistas, el padre procedía del clan Warmiak, su madre de los clanes gitanos de la Galitzia. Su padre murió en Siberia cuando nuestra protagonista era una niña de cinco años. Papusza mantenía en secreto un sueño, aprender el noble arte de la lectura. Pero el ambiente en el que crecía la pequeña no beneficiaba en nada su anhelo: no estaba bien visto que una mujer leyera. Durante una de las paradas que hizo su tabor
Papusza aprendió a leer y escribir.

No lejos de donde estacionaron sus carromatos, en el invierno en que Papusza cumplió trece años, vivía un comerciante judío. Papusza le entregaba a la mujer del comerciante un pollo robado y a cambio ésta le daba lecciones de lectura o lo intercambiaba por libros. Papusza ocultó una pequeña biblioteca debajo de las arpas. Aprendió a leer bien, pero la escritura le costó más, en palabras de Papusza “He leído mucho y he escrito poco”.

“Yo leía y los romaníes se reían de mí por eso y algunos me escupían.
Chismorreaban sobre mí y, yo hacía caso omiso, yo sólo quería leer más y más.
Cuántas veces lloré por este motivo, pero siempre me dio igual, yo seguí
haciendo lo que quería. Me inscribí en una biblioteca y sacaba a préstamo
cualquier libro que caía en mis manos porque yo no sabía cual era bueno o cual
no. Le rogué a mi familia que me matriculara en la escuela, pero estos no
mostraron ningún interés. Me contestaron: Por favor, ¿Tú, una niña gitana que
Bronislawa Wajs Papusza quiere ser maestra?
Así que no me quedó más remedio que dejarlos en paz
y seguir leyendo y leyendo”.

A la familia de Papusza le pareció también inadmisible que ésta quisiera, cuando le llegó la edad de hacerlo, andar con el muchacho que tenía los ojos más negros de todo el tabor. Por ello la casaron a los quince años. Fue un matrimonio arreglado, con un arpista viejo y respetable, Dionizy Wajs, que procedía del mismo clan que su padrastro. Se trataba de una buena boda, pero ella se sentía muy desgraciada. Comenzó a cantar en compañía de su marido. Sus canciones, como la mayoría de las canciones romaníes, eran angustiosos lamentos de pobreza, amor imposible y, más tarde, anhelo de una libertad perdida. Hablaban de desarraigo y del lungo drom, o largo camino, de ningún sitio en concreto adonde ir… y de ningún regreso. Por medio de sus canciones deja el testimonio de la desesperante situación del pueblo gitano. Su poema “Lágrimas de sangre” es una descripción brutal de la
cacería humana ejercida en contra de los gitanos, antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, miles de romaníes fueron asesinados en Polonia, tanto por los nazis alemanes como por los fascistas ucranianos. La mayoría de los tabor en Polonia optaron por renunciar a su vida nómada, pero el tabor de Papusza no renunció a sus arpas. Con sus pesados instrumentos sobre las espaldas,
buscaron escondite en el bosque. Más de un centenar de miembros de su familia murieron durante la guerra, pero ni siquiera fue esta la tragedia que la condicionaría.

El poeta polaco Jerzy Ficowski la vio cantar, por casualidad, en el verano de 1949, y apreció inmediatamente su talento. Empezó a recoger y transcribir los relatos que ella había escrito con gran esfuerzo en romaní.

En octubre de 1950 aparecieron varios de los poemas de Papusza en una revista llamada Problemy, junto con una entrevista a Ficowski del distinguido poeta polaco Julian Tuwim. Se habla en ella de los males del “vagabundeo”.
El mejor periodo de creación poética de Papusza fue hacia 1950 –indicaba Ficowski–, poco después de abandonar la forma de vida nómada. La obra de Papusza se desarrolla en un momento trascendental, ya que el modo de vida
nómada, que su cultura había adoptado históricamente, llegaba a su fin. En 1952, el gobierno de Polonia, comenzó a poner en práctica un programa para desarrollar el asentamiento definitivo de los gitanos. Ficowski estaba convencido que estas medidas mejorarían la vida de este pueblo, ya que podrían conllevar la educación de sus miembros.

Los gitanos no tardaron en incluir a Papusza entre los culpables de la campaña para acabar con su modo de vida tradicional. De nada le valieron su talla como poeta y como cantante ni el amor hacia su pueblo, expresado en décadas de trabajo. Papusza había hecho algo imperdonable: había colaborado con un gadjo (no gitano).

En realidad la habían interpretado mal (y utilizado) las dos partes. Intentó desesperadamente recuperar su obra creativa y la autoría de la misma pero fue rechazada por el Sindicato de Escritores Polacos. Trató también de impedir la publicación de un libro de Ficowski que incluía algunos poemas suyos y, en un intento desesperado, quemó casi toda su obra. Escribió una carta a Ficowski rogándole que paralizara la publicación, aunque hasta en ella daba muestras de su resignación. “Si publicas esas canciones me desollaran viva, mi gente quedará desnuda frente a los elementos. Pero quién sabe, quizá me crezca otra piel, quizá una mas bella”.

Después de la publicación de los poemas Papusza fue sometida a juicio ante la máxima autoridad de los Romá polacos. Después de una breve deliberación se la declaró mahrime (omagherdo entre los Romá polacos), impura. El castigo era la exclusión irreversible del grupo. Papusza pasó ocho meses en un hospital psiquiátrico de Silesia a causa de una crisis nerviosa; luego, durante los treinta y cuatro años siguientes, hasta su muerte acaecida el 8 de febrero de 1987, vivió sola y aislada (incluso Ficowski cortó la relación con ella). Su propia generación la rehuyó y la siguiente no la conoció.

En los años posteriores a su muerte, la figura y la poesía de Bronislawa Wajs fueron reivindicadas por las nuevas generaciones gitanas.

Fuente: Enterradme de pie. La odisea de los gitanos. Isabel Fonseca.

 

Trailer de la película: